Todo se congeló simultáneamente,
en todos los universos posibles.
El sol había perdido, por fin,
la batalla contra el vacío.
Me hermané con la noche,
mi inmortalidad.
Éramos dos eternos vagabundos,
y, sobre ríos Púrpura,
navegaba alborozado
hasta perderme para siempre.
Lo cual era encontrarme.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario