(...) Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos. Y nos pondremos furiosos, ¿y sabe usted qué haremos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza.
—No arruinaremos este planeta —dijo el capitán—. Es demasiado grande y demasiado interesante.
—¿Cree usted que no? Nosotros, los habitantes de la tierra, tenemos un talento especial para arruinar todo lo noble, todo lo hermoso. No pusimos quioscos en de salchicas calientes en el templo egipcio de Karnak, solo porque quedaba a trasmano y el negocio no podía dar grandes utilidades. Y Egipto es una pequeña parte de la Tierra. Pero aquí todo es antiguo y diferente. Nos instalaremos en alguna parte y lo estropearemos todo. Llamaremos al canal, canal Rockefeller; a la montaña, pico del Rey Jorge, y al mar, mar de Dupont (...)
