16.8.11

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Que lindo es vivir en una pseudodemocracia, en una republiqueta periférica. Ha saber: este es el lugar dónde los jóvenes temen más a la policía, que a los ladrones; donde los viejos temen más a sus gobernantes, que a ellos mismos; donde los que saben, callan (o son comprados), y los que ignoran, derraman palabras; donde vivir significa colaborar, y hablar significa mentir. Cuando se derogue la ley que cobre impuestos por el derecho a pensar, muchos van a extrañar haber tenido una boca que sólo hacía propagandas del silencio. Yo me voy a jugar al "patio-que-esta-dentro-de-mi-cabeza", donde nada es verdad y todo esta permitido.

Y donde aún se puede soñar.

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