21.5.06

En este mundo tan ávido de novedades
y tan variado en oportunidades de distracción,
hay una verdad que yace arrumbada
en un rincón, a la que nadie -nadie-
quiere tomar: aquella a la que perteneces,
la verdad de tu íntimo desencuentro,
la de tu pequeño desasosiego.
La que quieres esquivar por todos los medios
para poder seguir funcionando.
Esta es la formula: para seguir funcionando
(mal que mal, funcionas)
esquivar el encuentro con eso que bien sabes.
Sabes de sabor, no de sabiduría;
sabor amargo endulzado por alguna pastillita.
Tratar de seducir a otros
puesto que no te soportas a ti mismo,
impulsar el proyectito que
te deje simular que tienes algo que hacer
o, al menos, conciliar el sueño por unas horas.
Diferir el instante en el que ya no puedas más,
irte devaneciendo.
Porque sabes mentir tan bien,
puesto que empleas tantas energías
para construir tus ficciones,
es que sin querer das testimonio de la verdad.

Pero, ¿Qué es la verdad?

1 comentario:

Anónimo dijo...
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